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Una bota de vino no es un calzado, sino un recipiente tradicional de España hecho con piel (normalmente de cabra u oveja) que se usa para transportar y beber vino.
Está hecha de cuero curtido cosido, impermeabilizado en el interior (antes con pez o resinas, ahora a veces con látex).
Tiene forma aplanada, como una gota o lágrima, para poder llevarla colgada.
Lleva un pitorro o boquilla por donde se bebe el vino directamente a chorro, sin necesidad de vaso.
Es flexible, ligera y muy resistente, pensada para pastores, agricultores o excursionistas.
Se remonta a la época íbera y romana, cuando ya se usaban recipientes de piel para conservar y transportar vino, agua o aceite.
Los romanos heredaron y perfeccionaron este uso en la Península Ibérica, gracias a la abundancia de ganado y a la tradición vinícola.
El cuero se convirtió en el material ideal: resistente, flexible y disponible.
Durante la Edad Media, las botas de vino fueron imprescindibles para pastores, peregrinos y campesinos, que necesitaban llevar bebida en sus recorridos.
Se impermeabilizaban con pez (resina de pino) para evitar fugas y conservar el sabor.
Con el tiempo, se perfeccionó la forma, haciéndola más ergonómica y fácil de llevar al hombro.
La bota pasó a ser un símbolo de hermandad y celebración, ya que se compartía en fiestas y romerías.
Tiene un fuerte vínculo con regiones vitivinícolas como La Rioja, Navarra y Castilla, donde aún hoy se fabrican artesanalmente.
En la actualidad, aunque ya no es tan común para el día a día, se sigue usando en fiestas populares y como objeto tradicional y turístico.
La capacidad de las botas de vino no es siempre la misma.
Las botas de vino son un objeto tradicional y elegante que se utiliza para almacenar y servir vino, y es importante mantenerlas en buen estado para que duren muchos años. Aquí te dejamos algunos consejos sobre cómo conservarlas adecuadamente:
La bota de vino es un producto artesanal elaborado principalmente con piel de cabra u oveja, seleccionada por su resistencia y flexibilidad. El proceso de fabricación tradicional incluye varias etapas:
Cada bota es única, y los artesanos transmiten estas técnicas de generación en generación, conservando un oficio tradicional con gran valor cultural.
Una de las tradiciones más llamativas asociadas a la bota de vino es la de beber a chorro. Consiste en acercar la bota a la boca y apretar suavemente el cuerpo para que el vino salga en un fino chorro, sin que los labios lleguen a tocar la boquilla.
Esta costumbre tiene un doble objetivo: por un lado, compartir la bota entre varias personas sin contacto directo; y por otro, demostrar destreza y estilo, ya que cuanto más lejos se sostiene la bota, mayor es la habilidad del bebedor.
Beber a chorro es todavía hoy una seña de identidad en fiestas, romerías y reuniones populares, especialmente en regiones como Navarra, Castilla y La Rioja. ¡Un gesto que combina tradición, convivencia y diversión!
La bota de vino ha sido durante siglos una compañera inseparable de celebraciones, romerías y reuniones populares en toda España. Más que un recipiente, se convirtió en un símbolo de hermandad y alegría compartida.
En muchas fiestas patronales, especialmente en regiones como Navarra, La Rioja y Castilla, era habitual que las cuadrillas llevaran una bota para pasarla de mano en mano, reforzando la amistad y el espíritu festivo. También los peregrinos del Camino de Santiago solían llevar una bota consigo como provisión práctica y símbolo de hospitalidad.
Hoy en día, aunque las botellas y vasos son más comunes, la bota sigue apareciendo en romerías, peñas y celebraciones tradicionales, manteniendo viva una costumbre que combina cultura, convivencia y la pasión por el vino.

